TARDE DE DOMINGO
Te espero
para que no me duelan los hombros.
Aquí, frente a una tabaquería
que mas bien parece
licorería de $10.000 hacia arriba.
Todos tienen mochilas.
Todos haban idiomas.
Todos caminan.
Yo espero
con un lápiz lloroso
y sin hombros
que es distinto a con hombres.
Yo ya no escribo
y se nota ciertamente
por el mal aliento
de cada una de estas letras.
Todos parecen gringos
y es que todos tienen
la “mansa espalda”.
Todo esto es urbano
aunque no de las urbes.
Llegando:
con las manos ebrias
con el cuello torcido
y con el disgusto indeseable
de las tardes de domingo.
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